Lo que he descubierto a través de mi despertar y búsqueda de la soberanía:
Hoy miro atrás y comprendo. No fue un instante, ni un solo evento, sino un proceso. Un despertar que comenzó con una duda, una grieta en la estructura de lo que creía real. A los 50 años, descubrí que la vida que llevaba no era realmente mía, sino una construcción impuesta, un guion que seguía sin cuestionar.
El 14 de marzo de 2020, el mundo se detuvo, y con él, todo lo que parecía inamovible se tambaleó. Pero mientras muchos temían el caos, yo vi algo distinto: la oportunidad de ver la verdad. Lo que llamaban «orden» no era más que una prisión invisible, un sistema basado en mentiras disfrazadas de certezas. Falsus in uno, falsus in omnibus. Si me mintieron en una cosa, ¿por qué creer en el resto?
Descubrí que el mundo en el que vivimos no se rige por la ley natural, sino por la Ley del Mar, una estructura artificial creada por el hombre para controlar a los seres vivos como si fueran mercancía. Desde el nacimiento, somos inscritos en un sistema que nos despoja de nuestra soberanía, haciéndonos creer que somos «personas» con obligaciones impuestas, cuando en realidad somos Seres Vivos, libres por derecho propio. Ei incumbit probatio qui dicit, non qui negat. Si alguien afirma que tiene autoridad sobre mí, que lo pruebe. Pero su autoridad solo existe si yo la acepto.
El despertar no es fácil. La verdad, cuando se revela, puede ser abrumadora. Cuesta aceptar que todo lo aprendido estaba diseñado para mantenernos en la ignorancia. Incerta pro nullis habentur. Lo incierto es considerado como nada, y si el sistema solo se sostiene con suposiciones y manipulaciones, entonces no se sostiene en absoluto.
Comprender la Ley del Mar es clave para la liberación. Conociendo sus reglas, podemos usarlas en nuestra defensa, desmontar el fraude y reclamar lo que siempre nos ha pertenecido: nuestra soberanía. El sistema juega con las palabras, con contratos ocultos y con el desconocimiento de los seres vivos. Pero una vez que entiendes su juego, dejas de ser una ficha en su tablero. Quaelibet jurisdictio cancellos suos habet. Toda jurisdicción tiene sus límites, y ninguna ley del hombre puede sobrepasar la ley natural que rige nuestra existencia.
Aprendí que no estamos solos. Que cada Ser Vivo que despierta ilumina el camino para otros. Que la unidad no significa seguir masas, sino conectar con quienes vibran en la misma verdad. Que el principio no está en el nacimiento impuesto por un sistema, sino en el instante en que tomamos el control de nuestra propia existencia. Y que la eternidad no es un destino lejano, sino el reconocimiento de que nuestra esencia trasciende cualquier norma creada por el hombre.
Hoy sé quién soy. Hoy sé que no necesito permiso para ser libre. No porque alguien me lo conceda, sino porque la libertad no se otorga; simplemente es.
Este no es solo mi viaje. Es el viaje de todo Ser Vivo que ha sentido que algo no encajaba, que ha buscado respuestas más allá de lo impuesto. A todos los que comienzan a ver, les digo: no teman. La verdad libera. Y una vez que la ves, ya no hay vuelta atrás.